Coyuntura eléctrica

La presidenta dice “estar tranquila” a pesar de tener la cotización suspendida

“Estamos muy tranquilos”, asegura Carlota Pi, cofundadora y presidenta ejecutiva de Holaluz. Con su acaparadora sonrisa, la empresaria defiende a ultranza la inocencia de la empresa frente al expediente de inhabilitación del Gobierno. Aunque el contenido es de carácter reservado, fuentes del sector aseguran que ha sido abierto por posibles impagos de Holaluz a distribuidoras de energía (Iberdrola, Endesa, Naturgy), que exigen a las comercializadoras de energía el desembolso de “peajes” por utilizar sus redes.

“Nuestra historia es la de David contra Goliat. No es la primera vez que nos pasa ni tampoco será la última. Está claro que hay una intencionalidad detrás”, lamenta Pi desde la sede de la compañía en el barrio de la Barceloneta, rodeada de unas vistas estupendas al Port de Barcelona y la montaña de Montjuïc. Con un tono enérgico y nervioso, la directiva asegura que Holaluz ya ha superado otro expediente de inhabilitación en el 2019 y uno sancionador en el 2024 y que esta vez no será distinto: “Esperamos que pronto se sepa toda la verdad y que este expediente también sea archivado”. El Ministerio para la Transición Ecológica tiene tres meses para resolverlo, aunque la empresa confía que el veredicto llegue antes para el bien de los consumidores y de la propia compañía.

Pi asegura que de momento no ha notado una fuga de clientes a causa de esta situación

Pi asegura que la operativa sigue con total normalidad y que, de momento, la apertura del expediente no ha causado una fuga de clientes: “No tenemos constancia. Ellos buscan formar parte de nuestra comunidad, apoyar un modelo de energía barata y renovable”, asegura. Holaluz viene de unos años convulsos, en los que ha visto reducir la cifra de contratos de suministro hasta los 225.000, frente a los 386.000 que tenía hace cinco años, una caída del -40%. Además, la firma también se ha visto obligada a reestructurar su deuda, que asciende a más de 50 millones de euros. El año pasado, homologó un plan por la vía judicial y ahora “sigue trabajando para repagar la deuda a las entidades financieras de cara al 2028”, asegura.

Holaluz ya vivió en el año 2023 una primera reestructuración, en aquella ocasión de empleo, que implicó un ERE para despedir a más del 30% del equipo. Hoy la plantilla está formada por 167 personas que solo ocupan una de las tres plantas de las oficinas de la Barceloneta.

En bolsa, la empresa no ha corrido mejor suerte: la cotización de las acciones (ahora suspendida a causa del expediente) se encuentra en mínimos, al caer de los 14 a los 0,7 euros en cinco años (véase gráfico). El año pasado, la empresa logró reducir sus pérdidas un 29%, hasta los 22 millones, pero sus ingresos descendieron un 41%, hasta los 159 millones.

¿Cómo ha llegado Holaluz a esta situación? La compañía ha sido durante más de una década el emblema de la energía verde y del autoconsumo, una alternativa a las grandes eléctricas del país. Bajo el lema de La revolución de los tejados , se ha convertido en la punta de lanza de un sector emergente. “¿Por qué no nos dejan vivir? Porque nuestro modelo de negocio es visto como una amenaza para las grandes compañías. Y eso que solo tenemos el 1% de la cuota de mercado en España”, sostiene Pi.

La coyuntura macroeconómica no ha sido favorable. Ni para esta empresa ni para el resto del sector, que sobredimensionó sus expectativas con las ayudas Next Generation a la instalación de placas solares y el auge de la demanda del autoconsumo a raíz de la subida del precio de la energía convencional a causa de la guerra en Ucrania.Todo aquello ya forma parte del pasado y ahora el sector está en busca de un nuevo encaje en el mercado.

“Todo forma parte de la Matrix”

Carlota Pi, presidenta ejecutiva de Holaluz, insiste en la persecución que vive la compañía por parte de las grandes del sector a causa de su modelo de negocio rompedor: “Todo forma parte de la Matrix”, asegura en alusión a la conocida película de ciencia ficción. Holaluz se distingue en el mercado por ofrecer a los consumidores energía renovable bajo un modelo de suscripción o de tarifa fija mensual. También financia la instalación de placas solares para aquellos que opten por esa modalidad. “Desde nuestro nacimiento en el 2010 hemos sido una compañía muy tecnológica, hemos invertido 80 millones de euros en digitalizar la operativa con una plataforma propia”, apunta. A pesar de la reducción de estructura y la refinanciación de la deuda, la compañía se ve armada para afrontar los retos del futuro. El año pasado, incorporó al fondo Icosium Investment, respaldado por un inversor franco-argelino. Aportó 22 millones y se quedó con un tercio de la propiedad. “Nos sentimos muy cómodos con este socio industrial, que mira a largo plazo y tiene conocimiento del sector energético”, asegura Pi.